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Luis Henrique Brandt escribió este Munchies para la Revista MilSabores número 3...
Martes 13, 8:50 de la noche, día cabalístico, supersticioso. A Luis Emilio mi hijo le cayó hoy la rejilla de una lámpara de la oficina en la cabeza. ¡Se cayó solita! De que vuelan, vuelan. Superman de Five For Fighting suena en la computadora mientras que nuevamente presionado hay que sacar la tercera revista para Diciembre. Aquí estoy, tratando de escribir. Bueno, qué se va a hacer, aquí estoy pensando y la verdad es que ando full depre, por cosas de la vida y no me ha llegado la inspiración. Dentro de mi guayabo ando recordando cosas y de una agradable experiencia reciente escribí algo para un proyecto de blog crítico de restaurantes que comenzó y por razones de tiempo no ha prosperado, aquí se los reproduzco. Espero les guste, a mi me trae unos recuerdos muy bellos, muy tristes y muy sabrosos. En fin, como a mucha gente, la comida es algo que me genera recuerdos muy poderosos relativos a vivencias, emociones y sentimientos. Igual que la música, mientras he estado escribiendo también me estremeció 100 years, de Five For Fighting y ahora termino con You?re Beautiful de James Blunt, música nueva, preciosa, joven y muy inteligente.
Domingo 2 de Septiembre.
El desayuno fue temprano y el estómago nos enviaba señales de hambre, rato después del mediodía. ¿Que comemos? Es una pregunta que nos hacemos con mucha frecuencia, especialmente esos días en que no queremos hacer mucho, solo descansar, estar tranquilos. Una vez decidimos qué comer, surgió otra pregunta: ¿Dónde? Pues este domingo decidimos comer hamburguesas y el dónde fue, luego de otros qué y dónde fallidos, dimos en el Hard Rock Cafe. Esta franquicia global de la mejor exportación de gustos y sonidos norteamericanos está ubicada en el centro comercial Sambil de Chacao donde ocupa los amplios espacios de lo que otrora fueran las terrazas de Tops. Redecorado, según las normas de la franquicia (ninguno igual, todos similares), con los obligatorios discos de oro y otra parafernalia en las paredes. El local es amplio y agradable con dos áreas bastante diferenciadas, una a la entrada más cerrada y la aireada terraza donde terminamos sentándonos el domingo pasado.
Luego de consultar el bonito y amplio menú, nos decidimos por pedir un clásico mundial de Hard Rock, una Hamburguesa Clásica de 10 Onzas (Casi 300 gramos.) de carne con tocineta, queso americano y en el medio un aro de cebolla rebozado, además de la acostumbrada lechuga y el infaltable tomate. Pedimos un extra de hongos y uno de cebolla caramelizada. Adicionalmente pedimos una ración de ensalada de la casa con una salsa de queso azul para compartir.
Debo admitir que todo se veía muy atractivo, la comida presentada de forma agradable. Las hamburguesas parecían de comiquita. Grandes, altas, con mucho relleno, con una carne gruesa de muy buen color. Bonitos platos para un público atractivo.
Cuando llegaron las nuestras se veían espectaculares, dignas representantes de la gastronomía gringa en su pantagruélico tamaño y jugosa promesa. Una vez añadidos los extras y las salsas de rigor completamos el armado de esos mastodontes de sabor para terminar usando un tenedor y un cuchillo debido al gran volumen de la hamburguesa. Apenas intenté el corte con el cuchillo provisto me quedo muy claro que existía un problema: O el cuchillo no cortaba o el pan estaba muy duro. Resultó que ambas alternativas eran correctas.
El cuchillo provisto no era el adecuado en lo más mínimo, un instrumento de acero inoxidable común con una pequeña e ineficiente sierra en el filo que sencillamente no pudo cortar con facilidad y eficiencia la chiclosa costra del pan que nos sirvieron. En un establecimiento de ese tipo, con los precios que cobran, los platos que sirven y la fama que pretenden, deberían utilizar buenos, afilados y pesados cuchillos de carne que en nuestro caso, si bien no hubiesen mejorado el pan, hubieran podido cortar la ofensiva concha sin ningún esfuerzo.
Al morder el primer bocado, la tiesa promesa del difícil corte se hace inmediatamente evidente en la boca, bajo los dientes. El pan está? ¡duro!
La inmediatez de tamaña barbaridad -en un local que por su franquicia hiper glamorosa- debería ser símbolo de perfección en los detalles, nubla mis sentidos. Mi primer impulso es devolver el ofensivo plato a la cocina, ¿Como osan sacar de sus entrañas pan duro? Mis instintos y experiencia toman el control de mis emociones y decido probar un bocado, antes de continuar con el mayor insulto que se le pueda proferir a un chef, a un restaurant: ?¡Lléveselo, está malo!? Los sabores que mis papilas perciben al masticar el pedazo de hamburguesa son maravillosos, la carne término medio jugoso, excelentemente asada en la parrilla, con ese sabor tan especial que la misma le confiere, tocineta sin mucho ahumado en perfecta armonía con las cebollas glaseadas y los deliciosos champiñones contrastando con el pan duro. La verdad es que no devolvimos ninguna de las dos hamburguesas. Estas fueron consumidas con gran satisfacción, a pesar del rígido contratiempo. No dudo en definir lo que comí como una buena hamburguesa, pero sería una gran hamburguesa si no fuese por lo del pancito y recomendarla como una de las mejores de Caracas.
A los dueños les recomiendo, ojo, control de calidad, mejores cuchillos o panes más suaves, en su punto.
Al público le recomiendo que vayan y prueben las hamburguesas del Hard Rock Café y me den su opinión. En futuras visitas probaremos otras cosas del menú.
!Estamos en la búsqueda de la mejor hamburguesa de Caracas!
Hoy otra vez, ahora con All 4 One cantando ?Beautiful as You?. Ese día también admiramos los postres, especialmente una copa de Hot Fudge de espectacular apariencia y el resto de la comida, preciosa.
Nota: Milsabores en Papel no ha publicado, hasta ahora, un artículo crítico a la restauración local, simplemente no estaba en su visión inicial. Aquí entre nosotros, Eduardo Ortega y yo hemos abogado por la inclusión de una columna crítica en la revista, creemos que sería de gran ayuda, tanto para los lectores como para que los restauradores escuchen opiniones objetivas de cómo están cumpliendo su misión para con nosotros que, al final, somos los que pagamos las cuentas. De todas formas, este artículo solo representa mi opinión muy personal y la de mi compañera de experiencia y sin cuya compañía, sabiduría, cariño, amor y pasión compartida por las hamburguesas no hubiese sido posible este escrito. Ya lo saben, ni Milsabores ni María Luisa son responsables por esto. Gracias por soportarme y los dejo mientras sigo en mi guayabo escuchando Nothing Else Matters de Metallica.
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