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No tengo que decir que Mochima es una de las zonas más bellas de Venezuela, creo que, sin dudas, es una de las más espectaculares del mundo. Yo confieso que siento una particular debilidad cuando hablamos de la posibilidad de viajar a Puerto La Cruz. Me encanta la playa y visitar las islas de Mochima me fascina. Además, ahora llegamos más rápido con los nuevos tramos de la autopista hacia Oriente.
La semana pasada tuve por primera vez un encuentro cercano con sus famosos delfines y fue una experiencia super emocionante. Tan emocionante como cuando empecé a usar mis lentes de contacto -soy miope, miope- y decidí hundirme con ellos a pesar de las advertencias de los optometristas, con una máscara y un snorkel. Ver los corales, los peces y los erizos desde cerquita me pareció lo máximo. Es una de las cosas que no cambiaría por nada del mundo.
Otra cosa que me maravilla de Mochima es cómo andan los peñeros navegando buscando compradores para sus ostras y, más recientemente, también para las quiguas. A pesar del miedo a una intoxicación, la tentación siempre me vence y me como unas cuantas. Algunos peñeros "vende ostras" ya me conocen.
Una de las playas que más me gusta visitar es La Piscina. La claridad de sus aguas es asombrosa, siempre que nado puedo verme hasta los pies y la variedad de sus azules es infinita. Hace pocas semanas nos bajamos para visitar los escombros de una casa que está en una de las islitas. Y me sorprendió muchísimo encontrar cientos de erizos entre las piedras. ¿Es que no los sacan los pescadores? ¿Es que a la gente no le gustan? ¿Por qué no los ofrecen los peñeros, ni tampoco en los restaurantes?
Esa vez recordé con nostalgia nuestras vacaciones en Barbados, cuando yo tenía apenas unos siete años. Mis padres alquilaron una casita a la orilla de la playa y alli pasamos una temporada riquisima. Desde un corredor veía durante horas en las tardes cómo los pobladores sacaban erizos en grandes redes, se sentaban en círculos alrededor de una especie de fogata, abrían los erizos y se los comían. Por alguna extraña razón no me dejaban acercarme a ellos y no se exactamente si los cocinaban al fuego vivo, pero si que se los comían recien sacados del mar.
No se si alguna vez he comido erizos. Al menos no lo recuerdo. Pero por aquel rito que veia con frecuencia en Barbados, y la cara que recuerdo de los pobladores, puedo imaginar que son muy ricos.
Desde ese día, en aquellas ruinas de casa de La Piscina en Mochima -que dicen fue del dictador Marcos Pérez Jiménez-, me pregunto constantemente... ¿Por qué en Puerto La Cruz no se comen erizos? ¿O es que no me los he encontrado en los restaurantes como no había visto a los delfines o a los peces entre los corales?
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